Airi Ferrer, Fashion Revolution Week: “La ciudadanía tiene también el poder para provocar el cambio en la industria de la moda”

Fashion Revolution es un movimiento de activismo en la moda a nivel mundial, que moviliza a diferentes sectores y áreas de la sociedad.

Su objetivo es conseguir que la industria de la moda global conserve y restaure el medio ambiente, y valore a las personas por encima del crecimiento y las ganancias.

Euskadi tiene su representación en este movimiento y entre el 25 y el 27 de abril se desarrollarán diferentes acciones en el marco de Fashion Revolution Week de Euskadi. Para hablar sobre todo ello hemos entrevistado a Airi Ferrer, miembro del equipo, que nos explica las bases de este movimiento y nos ofrece las pautas para que la ciudadanía pueda aplicar en su día a día.

El movimiento Fashion Revolution

¿Cómo y por qué surge el movimiento Fashion Revolution? ¿Quién lo impulsa?

Fashion Revolution nace en abril del 2014 a raíz del accidente de Rana Plaza. El 24 de abril del 2013 un edificio de 5 plantas que en el que se confeccionaban prendas de fast fashion para unas 20 marcas internacionales colapsó. Murieron 1134 personas, casi todas mujeres, y resultaron heridas más de 2000.
Es entonces cuando Orsola de Castro y Carry Somers, dos diseñadoras de UK deciden crear Fashion Revolution.
Hoy el movimiento está presente en más de 80 países. Trabajamos desde la investigación, la promoción y la educación para sensibilizar a todos los actores involucrados en la industria para reivindicar una moda más transparente, trazable y justa.

¿Cuál es la misión concreta de Fashion Revolution y qué tipo de acciones y actividades desarrolla?

Creemos en una industria de la moda global que conserve y restaure el medio ambiente y valore a las personas por encima del crecimiento y las ganancias.

Nuestros objetivos:

• El fin de la explotación humana y medioambiental en la industria de la moda.

• Condiciones de trabajo seguras y dignas y salarios dignos para todas las personas en la cadena de suministro.


• Equilibrio de poder redistribuido y más equitativo en la industria mundial de la moda.


• Un movimiento laboral más grande y más fuerte en la industria de la moda.


• Una industria de la moda global que trabaje para conservar recursos valiosos y regenerar ecosistemas.


• Una cultura de transparencia y rendición de cuentas en toda la cadena de valor.


• El fin de la cultura del descarte y el cambio a un sistema en el que los materiales se utilizan durante mucho más tiempo y nada se desperdicia.


• Reconocimiento del patrimonio, la artesanía y la sabiduría local.

El movimiento Fashion Revolution está formado por ciudadanos y profesionales de todos los ámbitos relacionados con la industria de la moda. ¿Qué visión tiene cada uno de ellos desde su perspectiva?

Somos profesionales vinculadas/os a la moda, al medioambiente o simplemente ciudadanas y ciudadanos que nos preocupa la situación actual relacionada con la moda y el medioambiente.
Cada una de las personas de Fashion Revolution aporta un papel muy importante porque necesitamos expertos en materias muy diferentes, desde científicos, comunicadores, diseñadores, investigadores, legisladores o periodistas.
Creo que una clave del éxito de Fashion Revolution ha sido precisamente haber sabido trabajar en equipo con profesionales que aportan su conocimiento particular, y con esto hemos conseguido ir llegando a los diferentes subsectores de la industria.

En los últimos tiempos la industria de la moda se ha presentado como una de las culpables en un alto porcentaje de la situación medioambiental: niveles de consumo de energía y recursos que necesita en los procesos de fabricación, consumo de agua, emisiones, etc. ¿Cuál es la situación en este momento?

La industria textil es una de las más contaminantes del planeta, responsable del 10% de las emisiones de C02, del 20% de la contaminación del agua o responsable de explotar recursos limitados planetarios. Además hay un grave problema en la gestión de residuos textiles que se amontonan en vertederos. Hoy en día, más del 60% de los tejidos de nuestras prendas están hechas de fibras sintéticas, y estas pueden llegar a tardar más de 200 años en biodegradarse.

Sin embargo a pesar de que la situación es crítica y urge encontrar soluciones, muchas empresas del sector empiezan a tomar medidas sobre sus producciones, gobiernos empiezan a regular ciertos aspectos y la ciudadanía empieza a tomar consciencia.

Paralelamente ha surgido el movimiento de la moda sostenible, ecológica y ética. ¿Es posible redirigir la industria de la moda a una producción que no se base en el coste más bajo y en la rapidez? ¿O deben convivir las dos corrientes?

Es posible porque durante muchísimo tiempo fue así. Hace muchos años, la ropa tenía un valor inmenso, después de la vivienda y la comida era el bien más preciado. Sin embargo hoy la ropa ha perdido todo su valor. Creo que, no solo es un problema de contaminación, de gestión de residuos, de explotación de recursos limitados o de falta de derechos laborales, sino que hay otro problema del que poco se habla que es el de la salud mental y el daño que están haciendo las empresas de fast fashion y ultra- fast fashion a los consumidores, sobre todo aquellos más jóvenes, que sienten estrés emocional y ansiedad si no adquieren nuevas prendas cada semana.

¿Cómo promueve el movimiento Fashion Revolution una moda que vuelva a ser amigable con el medio ambiente pero que siga siendo industria?

Nosotras trabajamos desde la educación, la promoción y la investigación, para poder acercar a la ciudadanía y al consumidor un conocimiento sobre el impacto ambiental y social de la industria, pero también para acercar la información necesaria para que el consumidor sepa dónde y cómo encontrar esas marcas que trabajan teniendo en cuenta no solo el beneficio económico, sino también el ambiental y social, y al mismo tiempo acercar al consumidor ideas y tips para disminuir el impacto en la etapa del uso o la etapa final del producto.

¿Cómo se puede concienciar a la sociedad sobre la situación y conseguir instaurar antiguos valores en lo relativo a la moda y al vestir?

Desde Fashion Revolution hemos construido un movimiento diverso, movilizando comunidades y reuniendo a personas de todo el mundo para emprender acciones colectivas.
Ayudamos a las personas a comprender los impactos de su ropa y cómo pueden influir en la industria de la moda.
Además colaboramos con artistas y activistas para reformular poderosas narrativas incrustadas en la cultura de la moda, y creamos herramientas para que las personas usen su voz y hagan cambios en su vida personal y laboral.


Todo este trabajo se hace desde UK donde tiene la sede principal el movimiento y lo exportamos desde cada uno de nuestros coordinadores a las comunidades de nuestro entorno.

Este movimiento funciona a nivel mundial y hay países que ya están tomando medidas a nivel institucional incluso. En Francia, por ejemplo, se acaban de anunciar medidas drásticas para poner freno a la moda ultrarrápida, como la aplicación de tasas y prohibición de publicidad. ¿Es posible provocar un cambio de políticas e influir en los gobiernos para que se tomen medidas desde las más altas instancias?

Por supuesto que sí. Estas medidas que se están tomando desde Europa, se están tomando precisamente porque muchas organizaciones como la nuestra o científicos estamos alertando del problema que genera esta industria.
Hacemos muchas campañas durante todo el año para sensibilizar a todas las capas de la sociedad incluidos los legisladores.

Fashion Revolution en Euskadi

¿Cómo funciona el movimiento Fashion Revolution en Euskadi? ¿Quiénes lo forman? ¿Es un grupo abierto a toda la ciudadanía? ¿Cualquier persona puede unirse?

En Euskadi somos un grupo de personas vinculadas a la moda, estudiantes de comunicación, diseñadoras etc…
Cualquier ciudadano/a está invitado a hacer acciones para la fashion revolution week que desde la organización valoramos y agendamos con la programación oficial.

La industria de la moda en Euskadi

La industria de la moda en Euskadi ha vivido los últimos años un surgimiento de proyectos que buscan el equilibrio entre las tendencias, el arraigo cultural y patrimonial, la innovación en materiales y procesos… Y todo ello con una perspectiva de respeto al medio ambiente y sostenibilidad en todos los aspectos.
¿Cuál es la situación en este aspecto?

Euskadi no ha sido un territorio tradicionalmente textil como pueden ser Cataluña o Galicia. Sin embargo, sí que es cierto que en los últimos años ha ido creciendo esta comunidad de empresas, emprendedores o artesanos, así como la oferta educativa.
Yo creo que es una comunidad que por su territorio y vinculación a la naturaleza y el mar, tiene una sensibilidad especial. Además es un territorio donde la parte social es muy importante y esto hace que las relaciones en esta comunidad que estamos creando sean muy colaborativas.
Hay marcas que llevan muchos años trabajando con la sostenibilidad como eje principal de sus colecciones como SKFK, que trabaja con materiales sostenibles, con certificados como el FairTrade o el GOTS o ofrece nuevas alternativas de consumo como el alquiler de ropa. Y otras que son más nuevas como BasqCompany, que ofrece calzado reciclado y vegano y trabaja con un proceso de producción cercano a sus puntos de venta con el fin de disminuir la huella de carbono en la etapa del transporte.
Desde Fashion Revolution Euskadi, lo que hacemos es unir a toda esta comunidad junto con los centros de educación como IED- Kunsthal, Inedi o Javier Barroeta Escuela, con la finalidad de crear una conciencia colectiva en todos los actores.

¿Cómo de avanzada está la industria de la moda en Euskadi en estos términos? ¿Se invierte lo suficiente en investigación, sensibilización, etc?

Como decíamos antes, Euskadi tiene poca tradición textil. Por lo tanto, ha sido siempre una comunidad que ha necesitado buscar fuera de su territorio los aliados para sus producciones, ya sea en otras comunidades de España o en otros países. En este sentido, siguen habiendo pocos talleres de confección textil de KM0 y los que hay tienen poca capacidad de absorber más producciones.
A nivel de investigación y sensibilización, sí que nos encontramos con proyectos interesantes en los que se ha invertido para poder avanzar. Un ejemplo es la nueva planta de reciclaje textil de Koopera inaugurada el pasado mes de diciembre en Mungia, que cuenta con una tecnología puntera que permite identificar el tejido del que está hecha la prenda en un tiempo récord y de esta manera facilitar el destino de la prenda en desuso.

¿Cómo podemos hacer partícipes y activistas a las nuevas generaciones de jóvenes, que han crecido en una realidad basada en el consumo rápido de moda?

La Educación en las escuelas es clave, porque nosotras que desde nuestra organización hacemos charlas y cursos, nos damos cuenta de que tienen muy poca o ninguna información sobre el impacto ambiental y social.
No solamente para que conozcan los datos, sino porque las nuevas generaciones van a enfrentarse a una serie de trabajos vinculados al cambio climático, que todavía desconocemos, y cuanta más información tengan sobre temas de contaminación o gestión de residuos, mejor podremos resolver los problemas con los que nos vamos a encontrar.

Además, debemos alentar a las nuevas generaciones a un consumo lógico desde la perspectiva, por ejemplo, creativa. La moda ha sido siempre una segunda piel del ser humano. A través de ella expresamos nuestra manera de pensar o de ser y es parte de nuestra personalidad. Alentarlos a tener esta personalidad a través de la creatividad ya sea con arreglos divertidos, intercambio de prendas o fabricando nuevas prendas a partir de otras usadas.

¿Qué necesitamos en Euskadi para poder liderar cómo país una industria de la moda más ética, sostenible y provocar una transformación en el consumo?

Necesitamos lo mismo que se necesita en todo el mundo, un cambio sistémico basado en una colaboración de todos los actores involucrados:

  • Regularización de la industria, con propuestas que penalicen las malas prácticas y premien aquellas marcas o empresas que trabajan teniendo en cuenta un impacto positivo.
  • Educación ambiental obligatoria en las escuelas públicas.
  • Un consumo moderado y lógico por parte del consumidor.
  • Producciones bajo demanda con materiales sostenibles, control de residuos pre y post consumo, responsabilidad extendida del producto, servicio de reparación obligatoria etc… por parte de las empresas.
  • Inversión por parte de las instituciones públicas.

 

Tips para el día a día para la ciudadanía

La etapa del uso de la vida de una prenda, es una de las que más impacto tiene, por lo tanto es muy importante que el consumidor tenga muy claro que cada una de estas pequeñas acciones, que son muy sencillas y no alteran el curso de la vida cotidiana, cuentan muchísimo, porque al multiplicarlas por el número de ciudadanos que hay en el mundo el impacto puede disminuir de forma muy considerable:

  • Comprar menos y mejor.
  • Pedir información que no queda clara al responsable de la tienda, y pedir información sobre cuáles son las prendas con menor impacto ambiental.
  • Considerar siempre la composición del tejido (orgánico, reciclado…) e intentar comprar tejidos hechos 100% de una misma materia.
  • Considerar comprar KM0 o fabricado bajo condiciones laborales justas (FAIR TRADE).
  • Considerar alternativas de consumo como el alquiler o la compra de segunda mano.
  • Acostumbrarnos a intercambiar prendas y pedir una prenda que necesites a un familiar o amigo.
  • Reciclar las prendas que no usamos para hacer otras prendas del mismo valor o un valor menor (trapos).
  • Lavar la ropa solo cuando sea necesario (recordemos que en cada lavadora se desprenden 700.000 microfibras).
  • Usar bajas temperaturas y evitar la secadora.
  • Depositar las prendas que no les podemos dar ningún uso al contenedor de reciclaje textil.